Flexibilidad laboral.
En años recientes se ha venido
discutiendo ampliamente sobre la necesidad de flexibilizar el mercado de
trabajo de México como forma de aumentar los niveles de empleo y estar en
mejores condiciones de competir ante el resto de economías emergentes.
Diversos países en Europa y Latinoamérica han
llevado a cabo una serie de reformas laborales desde los años noventa del siglo
XX con el objetivo de reducir el alto desempleo, fomentar la competitividad del
aparato productivo, hacer mejor uso del capital humano y dotar a la economía de
mayor dinamismo; sin embargo, los resultados hasta el momento han sido muy
controversiales en algunos casos. Por ello, es imprescindible conocer a qué se
hace referencia exactamente cuando se habla de flexibilidad laboral, pues
existen posturas y concepciones marcadamente diferentes en torno a su
significado y a sus consecuencias.
Asimismo, es importante señalar que existen
numerosos mecanismos de flexibilidad laboral, los cuales pueden incidir en
diferentes magnitudes sobre el mercado de trabajo y la empresa. Este artículo
agrupa diferentes posturas entorno a la flexibilidad laboral; asimismo, analiza
las consecuencias que tiene el uso de cada mecanismo sobre la economía, la
empresa y las condiciones de vida de los trabajadores.
Palabras clave: flexibilidad
laboral, mercado de trabajo, competitividad, reforma laboral.
El camino hacia a la
flexibilidad laboral
La década de los años setenta del siglo
XX estuvo marcada por una serie de conflictos económicos y geopolíticos
(embargo petrolero de 1973 y la revolución iraní de 1979), que tuvieron efectos
adversos en el crecimiento económico de las naciones. Aunado a ellos, se
presentó la crisis del sistema fordista, lo que propició fuertes dificultades
para determinar el tipo de productos por elaborar; sus cuantías suponían que
los recursos especializados dejaban de ser funcionales y existía la necesidad
de reemplazarlos por recursos flexibles que pudieran adaptarse a las nuevas
condiciones de la economía mundial (Piore, 1990).
Los debates concernientes a la búsqueda
de una solución óptima a los múltiples problemas que atravesaba la economía
mundial (entre ellos el alto desempleo, tanto en Europa como en los Estados
Unidos) comenzaron a plantearse a finales de los años setenta del siglo pasado
y se extendieron hasta los años ochenta.
La solución del problema del desempleo
exigía la desregulación total de los mercados de trabajo, pues se consideraba
que unos mercados en los que no hubiera ninguna regulación producirían mejores
resultados que los obtenidos hasta entonces (Fina, 2001).
El surgimiento de la flexibilidad
laboral se puede explicar desde diversas vertientes; la primera de ellas hace
referencia al marco institucional del mercado de trabajo (Chávez, 2001).
Numerosos estudios (Krugman, 1994; Jackman, Layard, Nickell, 1996; Blanchard,
2004; Elmeskov, 1998) sostienen que durante la década de los años cincuenta y
sesenta del siglo XX se desarrolló una considerable expansión de los beneficios
empresariales como consecuencia de un sistema económico y productivo que logró
su maximización.
Esto permitió que los estados realizaran una
serie de cambios institucionales con el objetivo de crear un adecuado marco de
protección tanto laboral como social: la protección contra el despido
injustificado, el desarrollo del seguro por desempleo y otro tipo de
compensaciones, así como de los salarios reales que experimentaron un
incremento durante dos décadas. Este tipo de políticas gubernamentales de
carácter social han sido consideradas por los enfoques liberales como las
precursoras de una serie de rigideces sobre el mercado de trabajo, al igual que
del fortalecimiento del sindicalismo a escala mundial y de la contracción de
los beneficios de las empresas.
En consecuencia, para esos enfoques la
flexibilidad se relaciona con la necesidad de establecer medidas que logren
acabar con tales rigideces que existen en el nivel micro y macroeconómico en
las relaciones laborales. Nickell (2003) y Nunziata (2003) comparten la idea de
que la existencia de instituciones (gobierno y sindicatos) son un factor
determinante para crear o, bien, desincentivar el empleo en una economía
determinada. A mayor cuantía en las prestaciones por desempleo y en los
beneficios que perciben los sindicatos existe una mayor duración en la
reintegración al mercado laboral por parte de los desempleados debido en parte
al elevado poder de los trabajadores insiders (sindicalizados),
quienes presionan por mantener sus beneficios ; esto da como resultado la
creación de empleo por debajo de los niveles esperados, por lo que una economía
que desee ser considerada flexible y creadora de una mayor cantidad de empleos
debe reducir los beneficios otorgados a los desempleados, sindicalizados y
otros colectivos beneficiados.
En una segunda definición se señala a
la flexibilidad como el resultado de cambios en el contexto económico general
(Fina, 2001; Blanchard, 2004; Nickell, Nunziata y Ochel, 2002).
Estos autores argumentan que las economías
fuertemente reguladas por políticas orientadas al mercado interno, el elevado
proteccionismo a las empresas nacionales, las políticas de gasto público como
mecanismo de creación de empleo a costa de un excesivo endeudamiento y el alto
número de empresas de carácter estatal, si bien creaban mucho empleo,
resultaron ser altamente ineficientes. Todas estas medidas, que al principio
formaban parte del éxito económico y social de los países durante más de dos
décadas, fueron causantes de su declive. La solución planteada fue, de nuevo,
el cambio de modelo económico orientado hacia el aumento de la competitividad y
la apertura económica. Desde esta vertiente, las políticas de apertura
económica implementadas a finales de la década de los años ochenta del siglo
pasado dieron pie al cambio de la concepción que se tenía sobre la intervención
del Estado en la economía, la cual pasó a ser sustituida por el "libre
juego de las fuerzas del mercado".
Una tercera explicación alterna establece
que la flexibilidad surge como producto de los cambios en el sistema de
producción de tipo fordista, el cual tuvo que transformarse ante los intensos
cambios manifestados (Pollert, 1994; Trehan, 2003; Blanchard, 2004; Blanchard
& Wolfers, 2000). Las necesidades y gustos de los consumidores se
modificaron, pasando de productos iguales o estandarizados a la fabricación de
productos diferenciados; a su vez, los procesos tuvieron que adaptarse a las
nuevas especificaciones y pasar de ser un sistema rígido a uno altamente
flexible.
Los adelantos tecnológicos convirtieron a la
máquina en la pieza esencial del sistema productivo; la evolución de la
robótica y la informática propiciaron un mayor número de cambios en un menor
tiempo; por ello, los procesos productivos necesitaron ser ajustados de manera
continua. Esto requeriría el empleo de mano de obra cualificada y también
polivalente, así como una mano de obra que no necesitará ser contratada de
manera indefinida, sino acorde a las necesidades productivas de la
organización.
El cambio de modelo económico obligó a
las diferentes economías a adoptar rápidamente una nueva estrategia de
competitividad. Dichos cambios se han llevado a cabo en un tiempo relativamente
corto, por lo que la discusión sobre los beneficios y desventajas de esta nueva
estrategia fue realizada de manera superficial (Bronstein, 1997).
Gran parte de la literatura sobre el
tema de la flexibilidad laboral hace referencia al cambio de los patrones
productivos y a las distorsiones, derivadas de la crisis del
petróleo. Sin embargo, es conveniente precisar que los partidarios de la
corriente marxista (Desai, 2002) consideran que la razón principal estriba en
la necesidad del empresariado (principalmente de las grandes empresas) de
retomar de nuevo el control absoluto sobre las decisiones empresariales. La
maximización de beneficios debía seguir siendo la principal premisa y sobre
ésta se debían centrar el resto de las decisiones. Los sindicatos fueron
percibidos como el principal obstáculo debido a que éstos habían logrado, al
menos en parte, repartir los beneficios de las empresas entre los trabajadores
y habían logrado establecer una cierta bilateralidad de las decisiones.
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